La resistencia

Nota de opinión por Agustina Gradin, coordinadora académica del Diploma Superior Organizaciones de la sociedad civil, sobre el impacto político del tarifazo.
Publicado en diario Página 12, lunes 30 de abril de 2018.
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La resistencia

El proceso de “sinceramiento tarifario” evidencia claramente el rol del Estado para el gobierno macrista, y por lo tanto, ilumina a los ganadores y perdedores de su proyecto de país. Este recorte de subsidios, el cual se viene implementando desde 2016, tiene diferentes impactos en términos económicos y de acceso a derechos como los servicios públicos. Sin embargo nos interesa destacar aquí el impacto político del mismo. El principal sector perjudicado son los votantes del “cambio”: la clase media y media – baja, mellando el consenso construido por “cambiemos”. La combinación de aumento de tarifas, aumento de tasas de interés, inflación sostenida, y paritarias a la baja, ponen a las clases medias trabajadoras, a las pymes, las y los profesionales, pequeños y medianos productores del agro, a los y las jubiladas, y a todos los sectores vinculados a las economías populares, del lado de los “perdedores” de esta política. Todos ellos se volvieron a encontrar la semana pasada en diferentes acciones colectivas en el espacio público. Ahora bien, ¿quién canaliza y representa a estos sectores sociales perjudicados por el macrismo?

El “ruidazo” y la marcha de las velas fueron una expresión concreta contra el ajuste económico liderado por el gobierno de Cambiemos, con la potencialidad de constituirse en una demanda articuladora de muchas otras. Este espacio que ya había emergido en otras ocasiones desde 2016, debe ser visto como una continuación de la expresión de malestar social y movilización masiva que acompañó el tratamiento legislativo de la ley de reforma previsional en diciembre de 2017, por ejemplo, o de la concentración y acto del 21 de febrero convocado por las centrales obreras y organizaciones sociales, del 8 de marzo y del 24 de marzo durante el 2018. Sin embargo, el reclamo por las tarifas específicamente atraviesa transversalmente a todos los sectores sociales y económicos, muchos de ellos que no se sintieron interpelados por la reforma jubilatoria o por los reclamos de la clase obrera, generando un abanico de posibles alianzas y articulaciones que pueden construir un espacio amplio de resistencias que interpele al ajuste neoliberal.

A su vez, elemento distintivo y sustantivo de este nuevo ciclo de resistencias es la coincidencia y articulación entre la representación legislativa y la democracia en las calles. Como en experiencias anteriores, la oposición parlamentaria obligó al gobierno a tratar diferentes proyectos de ley contra el aumento de tarifas. Esta acción colectiva se constituye en un hecho sustantivo de la posibilidad de construir la unidad de la oposición. La resistencia social mostró capacidad de generar agenda propia y de instalarla, como pasó con la Ley de la doble indemnización en 2016 (posteriormente vetada por el Ejecutivo), la Ley de Emergencia social en ese mismo año, y con el actual debate de los proyectos de Ley de Interrupción voluntaria del embarazo. Sin embargo, es la articulación política con el Congreso lo que potencia y amplifica los reclamos y las conquistas.

La principal limitación de esta articulación entre la calle y el Congreso, es justamente la fragmentación de la oposición política. La ausencia de proyectos y liderazgos alternativos, no termina de reflejar la movilización y el malestar que se visualiza en el espacio público. Tanto a nivel de sistema de partidos con en el sindicalismo, ambas atravesadas aún por una fuerte crisis de representación. Claramente el oficialismo es el principal beneficiario y artífice de esta situación con sus maniobras políticas, institucionales y judiciales.

Los acontecimientos hacen suponer que este es un ciclo abierto de protestas que recién comienza, evidenciando la centralidad de la política para quienes aspiran a encontrar una alternativa al ajuste económico. La necesidad de canalizar políticamente todo ese malestar, y esa potencia social y política, es el dilema que debe interpelarnos para pensar y contrarrestar la hegemonía política del neoliberalismo tardío.

* Doctora en Ciencias Sociales – UBA. Área Estado y Políticas Públicas – FLACSO Argentina – agradin@flacso.org.ar