Abrir ventanas, pausar el ritmo, pensar la enseñanza

Por Andrea Brito, directora académica del Diploma Superior en Lectura, Escritura y Educación e investigadora del Programa Educación, Conocimiento y Sociedad (ECyS) del Área de Educación de la FLACSO Argentina.
Publicado en la Bitácora educativa del Programa ECyS, 10 de noviembre 2020.

I. En un texto anterior publicado en esta Bitácora retomaba la idea de aceleración del tiempo, una idea que resuena como rasgo de este presente inédito y que encarna en la cotidianeidad desarticulada que muchos/as experimentamos. Elegía pensarla como una velocidad específica, no ausente pero sí quizás no tan frecuente en la historia de la escuela, que sacude el bajo continuo de la cultura escolar poniendo sus cuerdas en tensión, entre ellas, la del trabajo de maestros/as y profesores.

Sucede que esta aceleración parece haber extremado los desafíos pedagógicos propios de la enseñanza como así también profundizado las conocidas y exigidas condiciones laborales docentes apremiando la necesidad de inventar una nueva escuela salida de la escuela a través del uso de diferentes medios, incluyendo los digitales, con un acceso desigualmente distribuido. Y aunque enaltecidos por el reconocimiento social a la tarea, el correr del tiempo agudizó los problemas punzados por la desorientación y el cansancio.

Trabajo hace mucho tiempo con maestros/as y profesores, en particular y desde este Programa, en formación continua y en modalidad virtual. Y una mirada retrospectiva muestra que los espacios de formación se vuelven refugio elegido por muchos/as docentes para transitar momentos sociales críticos. De hecho, la misma modalidad virtual que aquí construimos se fue configurando en diálogos compartidos(1) sobre el suelo social en ruinas del 2001. Sin embargo, este ciclo que termina ha sido distinto. Obvio decirlo, aunque menos si vale la intención de rastrear algunas pistas que ayuden a pensar la enseñanza y la formación docente en escenarios futuros.

En lo distintivo de este ciclo fue posible advertir una progresiva y creciente dificultad para mantener la continuidad de los recorridos formativos, probable efecto del sostenido esfuerzo para reinventar la tarea de enseñar en un espacio-tiempo educativo desanclado, una organización doméstica dislocada, una vida familiar en muchos casos afectada por la misma presencia del virus, las emociones y los fantasmas propios de este panorama global incierto. Y junto con esto, y aún con la elección del encuentro con el estudio y con otros/as en un espacio propio, de formación personal, también fue insistente la dificultad para destinar un tiempo atento al estudio, la lectura detenida, la escritura reflexiva; dificultad en buena parte explicada por la saturación de conexión con el mundo y con otro/as a través de las pantallas. En el conjunto de historias, el plano secuencia nos muestra una superposición de marchas y contramarchas atravesada por momentos de intensa productividad, otros de saltos o interrupciones.

II. Una continua aceleración del ritmo tal que lleva al punto de cortar nuestra respiración: así describe Franco Berardi(2) el efecto producido por la sobreestimulación semiótica propia de un tiempo dominado por el capitalismo virtual y que hoy, en tiempos de pandemia, nos sitúa en un “umbral”, una zona de pasaje que exige “mirar a la bestia en los ojos” y “ponernos al nivel de la tragedia que estamos viviendo”. Como salida de ese caos contemporáneo propone la poética, la búsqueda de un ritmo armónico para nuestra respiración, en una esfera lingüística de protección, amistad y seducción que active el imaginario social.

Desde la lectura histórica y cultural del actual desasosiego, José Emilio Burucúa(3) postula el “humanimalismo” como un posible proceso de superación de las jerarquías del humanismo hacia una reconciliación con la naturaleza que reconozca los orígenes y el destino comunes entre animales y humanos. Su reflexión se detiene en una obra de arte contemporánea encontrando allí el punto de estallido de una civilización (Pandemia, Diana Dowek). Y unos versos clásicos nos invitan, hacia el final, a dejarnos tomar por la esperanza (Hay lágrimas en las cosas y los asuntos/ de los mortales tocan nuestro espíritu/ Abandona tu miedo. Virgilio, Eneida).

Anticipar, reconstruir, simbolizar, transgredir, transformar son algunas de las tácticas que, en tanto producciones culturales, el arte y la literatura disponen para procesar los devenires de nuestro mundo. Algo sabido, pero que se retoma con lucidez en estas dos reflexiones, movilizando en la misma escritura la potencia del lenguaje y de la imagen para condensar las sensibilidades y expectativas de este tiempo.

Hace unos pocos meses inauguramos un nuevo espacio de formación, virtual, con la invitación a experimentar el germen del proceso de escritura a partir del diálogo entre música, imagen y palabras(4) y, desde allí, pensar la enseñanza. En su armado combinamos algunas decisiones vinculadas a los lenguajes y sus materialidades con otras asociadas a los modos de hacer en las prácticas docentes. Esos trazos, y las formas que tomaron en su movimiento, nos atraen para seguir imaginando puntos de atención para la enseñanza y la formación docente a futuro.

En principio, la suspensión del tiempo como condición necesaria para una cierta apropiación del saber y que, junto con la delimitación de un espacio, hizo a la misma definición de escuela. Una condición hoy jaqueada por el confinamiento y que por tanto nos hace necesario pensar cómo renovarla, sobre todo, si atendemos a los anuncios de próximos formatos escolares híbridos. En clave enseñanza y formación docente, la suspensión del tiempo llama a la búsqueda de un equilibrio entre la atención a la urgencia de la tarea cotidiana y un ritmo más lento y puntuado para la reflexión. Una secuencia que tendrá sus variaciones según la materialidad en la que se inscriba, sea esta física o virtual, descontando en cualquier caso los medios materiales disponibles o indispensables para su acceso y su desarrollo.

Luego, las maneras de elaboración y circulación de saberes pedagógicos, sostenidas en el hacer de las prácticas docentes y orientadas por problemas, preguntas y lecturas compartidas sobre aquello que sucede en las aulas. Maneras hoy signadas por los cambios de la escolaridad de emergencia y que durante estos últimos meses reinventaron sus formas anudando lo conocido, lo disponible, lo nuevo y lo deseable. En clave enseñanza y formación docente, entonces, una propuesta atenta a estas maneras convoca al intercambio entre pares con eje en la producción de innovación entendida como un puente entre esos elementos; o en otras palabras, un diseño que explicita, tensiona e interviene sobre aquello que decide mantenerse y aquello que decide renovarse en las propias prácticas, haciendo del cambio algo viable y con sentido.

Finalmente, y en lo que hace a la especificidad del tema que elegimos para este taller, hay un trazo llevado por los saberes que se decide transmitir a las nuevas generaciones. En este caso, la elección de la cultura escrita y de los lenguajes artísticos recorta un conjunto de saberes culturales socialmente valiosos para poner a disposición de otros/as y renovar así el juego de la apropiación cultural. En ese juego intervienen los modos de ver, de leer y de escribir propios de una época, y las materialidades en que estos se inscriben enfocan las lentes. Hoy, el arte y la literatura se recrean y amplifican con las tecnologías digitales ofreciendo así nuevas formas de ingreso al mundo social y cultural. De allí que sea en la enseñanza o en la formación docente donde habrá que diseñar una exploración que disponga los saberes necesarios para llevarla a cabo.

En estos meses de confinamiento, el espacio de encuentro con maestros/as y profesores para experimentar el diálogo entre música, imagen y palabras fue un ejercicio para abrir las ventanas de ese mundo y probar mirarlo de otro modo, respirando con otro tiempo. Quizás este sea un primer paso para el reencuentro con una sensibilidad pedagógica que, con un ritmo armonioso, acompase la re-construcción de un imaginario cultural común, combinando lo que permanece y lo nuevo para ser enseñado.


1) Dussel, I. y Finocchio, S. (comps.) (2003). Enseñar Hoy. Una introducción a la educación en tiempos de crisis. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

(2) Berardi, F. (2020). El umbral. crónicas y meditaciones. Buenos Aires, Tinta Limón.

(3) Burucúa, J.E. (2020). “Pintar y mirar un cuadro para conocer, humanimalismo para regresar a la vida en tiempos catastróficos”. En Porvenir. La cultura en la post pandemia. Fundación Medifé- Bs. As. Cultura, pp. 39-47.

(4) Me refiero al Taller de Innovación Pedagógica Imagen, música y palabras: enseñar desde la experiencia estética como germen de la escritura, diseñado y coordinado junto con Pamela Archanco